Dos memorias, una fecha: Estados Unidos y Chile frente a sus heridas abiertas

El 11 de septiembre volvió este viernes a reunir dos memorias históricas separadas por 28 años y por contextos que no son equivalentes, pero que siguen produciendo consecuencias políticas y humanas. Estados Unidos conmemoró 25 años de los atentados de 2001 con una ceremonia en Ground Zero a la que acudieron los expresidentes Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden, además del vicepresidente JD Vance; Donald Trump no estuvo en Nueva York y encabezó un acto en el Pentágono. En Chile, el 53 aniversario del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende transcurrió sin una ceremonia oficial del gobierno por primera vez desde el retorno a la democracia en 1990, mientras el expresidente Gabriel Boric acudió al mausoleo de Allende.
La conmemoración estadounidense coincidió con la apertura de más de 170 mil páginas de archivos municipales sobre la contaminación que cubrió el Bajo Manhattan después del colapso del World Trade Center, incluidos documentos sobre calidad del aire, riesgos sanitarios y la respuesta de las autoridades. A esa secuela se suma una deuda forense que permanece abierta: de las 2 mil 753 personas que murieron en Nueva York, 1,099 siguen sin ser identificadas. En agosto, la Oficina del Médico Forense anunció la primera identificación de una víctima del 11-S mediante genealogía genética forense, una técnica que se incorpora a los esfuerzos que continúan 25 años después.

En Chile, la memoria del 11 de septiembre de 1973 sigue atravesada por la participación de Estados Unidos en el proceso que antecedió al golpe. Documentos desclasificados del Departamento de Estado y de la CIA muestran que la administración de Richard Nixon ordenó operaciones encubiertas para impedir que Allende llegara a la presidencia y, después de su investidura, financió a partidos, medios y organizaciones opositoras con el propósito de debilitar a su gobierno. Los mismos archivos oficiales sostienen, sin embargo, que la CIA no tuvo un papel directo en la ejecución del golpe del 11 de septiembre de 1973, llevado a cabo por las Fuerzas Armadas chilenas, que bombardearon La Moneda y dieron paso a la dictadura encabezada por Augusto Pinochet.
A esa disputa por la memoria se añadió esta semana un documento cultural: el número 419 de la revista chilena Ritmo, puesto nuevamente bajo atención por La Tercera, circuló el 11 de septiembre de 1973 con una breve nota sobre Víctor Jara. El texto hablaba de su reciente viaje a Perú y de un nuevo disco que esperaba publicar antes de terminar septiembre. Jara había acudido ese día a la Universidad Técnica del Estado; fue detenido tras el golpe, llevado al Estadio Chile, torturado y asesinado el 16 de septiembre. A 53 años del golpe chileno y 25 de los atentados en Estados Unidos, la misma fecha vuelve a mostrar heridas distintas que siguen abiertas en archivos, investigaciones, cuerpos aún sin identificar y debates sobre la forma en que los Estados recuerdan su propia historia.



